Bitácora de un instante

Escribo como quien lanza una botella sin calcular la marea, con la vaga sospecha de que su destino no será tierra firme.

"No llegar también es una forma de permanecer"

Soy un procrastinador profesional: dejo para mañana lo que hoy podría hacer, quizá porque hoy estoy ocupado con lo de ayer, o porque, al fin y al cabo, la procrastinación no es más que un método personal para organizar mi tiempo según mis propias prioridades. A veces me quedo mirando un punto fijo, como en trance, mientras mi cabeza no para: ideas, recuerdos, proyectos. Uno lleva a otro sin orden aparente, y el siguiente siempre parece más apasionante que el anterior. Debo abandonarlo temporalmente para centrarme en algo nuevo. No dejo las cosas a medias: las abandono para centrarme en algo más grande. Los libros, los proyectos, los planes que empiezo y dejo: todo forma parte de un mismo movimiento. Siempre regreso a lo que dejé atrás, pero desde un ángulo distinto, con otra mirada, con la certeza de que avanzar no significa llegar, sino permanecer en movimiento.

Ultimos instantes del blog

EL RASTRO (o la costumbre de no comprar nada)
Historias de escritorio (el ritual del café, las plumas y los vinilos)
Manual (inútil) para atrapar historias que prefieren la noche
Del pulgar al teclado (o cómo dejar de hacer trampas al solitario)
El arte de apartarse
Sobre la educación (o su ausencia)